Jueves, 14 de Enero de 2016

De Juan Mayorga

HAMELIN habla de lo mismo que el célebre cuento: de ratas; de hombres rata.

La ciudad se ha llenado de ratas; la perversión está en la base de la pirámide: los niños, la pederastia.

HAMELIN nos habla de la perversión, de la perversión de la educación, de la perversión sexual, de la perversión de las palabras. Unidad familiar significa familia para un niño que no puede entender, y la tolerancia, si es cero, significa represión para un juez moderno y demócrata.

HAMELIN también es, pues, un juego teatral perverso donde un personaje-acotador, en continuo contacto con el público, nos cambia el punto de vista, o nos aclara un concepto, o nos conmueve a adoptar una postura crítica. O simplemente se nos sienta al lado y nos mira a ver cómo miramos.

Y es que de eso se trata, de mirar. De mirarnos.

También este HAMELIN es un cuento sobre la culpa de los adultos y su castigo. Sobre los niños de una ciudad que no sabe protegerlos. Sobre un niño y sus enemigos. Sobre el ruido que le rodea y el miedo con que nos mira.





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