Sábado, 16 de Enero de 2016

De Eugenia Iturbe
Un hombre y una mujer encerrados en un balcón. Un accidente aparentemente fortuito. El encierro los obliga a escuchar, a escucharse.
El hombre y la mujer se reconocen en la culpa, en la frustración, en el fracaso de no ser quienes quisieron, quienes creyeron ser. Y deciden sentarse en sus hamacas de mimbre y esperar a que el azar haga su trabajo.

Las hamacas acunan los cuerpos, los protegen, como un vientre que prepara el feto antes de escupirlo al mundo.

El hombre y la mujer sólo tienen certeza de la muerte. Ella los hermana, los obliga a compartir el mismo suelo, el mismo paisaje, a compartir la tarea casi inexorable de esquivarle el cuerpo, la mirada, el pensamiento.




e-planning ad