Domingo, 16 de Octubre de 2016

De Nelly Fernández Tiscornia

SOBRE LA OBRA

"Muy cerca del monte, en el medio de la nada, una maestra con su joven hija maestra y una escuela que por suya, es de quienes la necesitan para convertirse en “alguien”, requisito esencial para ir a trabajar de cualquier cosa al pueblo.

Ella, la Gringa, es fuerte, tierna, sentimental, luchadora, omnipotente. Cree luchar contra un sistema que, en verdad, la devora y la utiliza inevitablemente, aunque ella no se de cuenta. Dentro de éste da manotazos de ahogada, ante un Estado ausente en todo menos en un rol: el de controlar si la ley se cumple y sancionar si así no se hiciere… Allí, en medio de la nada, sin ayuda verdadera de nada ni de nadie, eso parece una broma de mal gusto. Pero es cierto. En cualquier momento es cierto. Podía haber sucedido durante Alfonsín, durante Menem, de la Rúa, ahora… salvo durante la dictadura militar que la hubiese hecho desaparecer sin titubeos… durante cualquier presidencia democrática pudo suceder. Al elenco nos sirve internamente situarla en pleno menemismo, por una cuestión de aborrecerlo más, pero como no es importante, tampoco se explicita salvo por algún pequeño detalle, que para la mayoría de los espectadores pasará, quizá, desapercibido y, sinceramente, no importa.

La vida afectiva de La Gringa es nula. Una pequeña alegría de vez en cuando, con la llegada del Inspector Ruiz, que esta vez no llega. Otra Inspectora visita ahora el “establecimiento”, “las instalaciones”. Así se denominan para las autoridades que ignoran absolutamente esa realidad. La Inspectora y La Gringa no son, en el fondo, tan diferentes. Cada una, a su modo, cree que puede cambiar las cosas. Descubrirán que no. Como pone en boca de uno de los personajes la autora “vengo a descubrir ahora, que no modifico ni transformo, sólo informo”. Una discusión ética apasionante entre ambas que nos deja perplejos.

La hija de La Gringa quiere otra vida. Está cansada de una madre compartida. De una madre ídolo. De una madre perfecta. Perfecta para todos, menos para su propia hija: Susana. La Gringa no pudo, no supo ( no quiso?) convertirla en su verdadera heredera, sino más bien en su subordinada. Susana se rebelará con los pocos elementos que tiene allí, en medio de la nada, sin éxito.

Lo único que La Gringa tiene verdaderamente es la escuela, los chicos que ella cría, excediendo sus obligaciones de Directora de Escuela y su devoción por la parte romántica del Sarmiento ése que admira, sin crítica ni objeción alguna. Como a un Dios. La Historia Oficial como Dios, con sus fantasmas pujando cada vez más por gritar sus verdades a los cuatro vientos. Mientras la Escuela, sigue con su rol divino de contar con el medio tono que corresponde a la gente culta, a la gente bien, a la de buena cuna, las mismas mentiras de siempre.

La Gringa y su primer “delito”: Nicasio Cardoso, incondicional a La Gringa. El, agradecido por el único amor que conoció y por la limosna de un título falso que lo lleva a ser “alguien” en el pueblo. Eso enorgullece más que nada en el mundo a La Gringa. Mientras le sigue pidiendo a Sarmiento Dios, que le de fuerzas para seguir.

Todos nos vamos a emocionar con ella. Porque todos mamamos esa historia. Porque todos somos parte del sistema pese a uno que otro berrinche. Porque nos conformamos con “papeles” falsos, en vez de luchar a fondo por quitarnos las cómodas máscaras sociales y construir nuestros “papeles” verdaderos. Porque en esas pequeñas luchas encontramos el pequeño logro que nos hace sentir, de vez en cuando, al menos, un poco Dios.

Una obra del teatro clásico, en homenaje a Nelly Fernández Tiscornia y a cuanto nos hizo pensar, que no fue poco.
A nuestra querida Alicia Bruzzo, esa gran actriz y excelente persona."

Betty Raiter


Clasificaciones: Teatro




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