Martes, 25 de Octubre de 2016

De Andrea Chinchilla
Jonathan extraviado en el mar, se entrega, cierra los ojos. Un remolino lo transporta al fondo del mar. Es capturado por una tropa de hipocampos gigantes.

Atado de pies y manos, el escritor, piensa que el que debería estar allí es Gulliver y no él. Más tarde lo conducen ante el rey-jefe. Jonathan intenta defenderse, se queja, se burlan, no se entienden. Finalmente es acusado pero no sabe que responder y calla por temor a ahogarse. Esto es interpretado como una confesión de culpabilidad. Llevado a su celda, se duerme o cree que duerme hasta que es despertado por los carceleros para conducirlo hacia un al tribunal de hipocampos. Escucha la acusación y su sentencia, que se cumple en forma inmediata. El irlandés es llevado a un lugar en medio de océano, lo sueltan. Jonathan nada y a medida que asciende, se va encogiendo. Cuando está por ganar la superficie, ya ha desaparecido.

Clasificaciones: Teatro




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