Sábado, 23 de Enero de 2016

De Miriam Russo
Desde la primer lectura imaginé a estos personajes moviéndose en un espacio absolutamente realista y supuse al público tan cercano como para escuchar la respiración de los actores. Con esta mirada comenzamos los ensayos planteando una estrategia de trabajo que apuntase no solo a lo audiovisual, sino a que provoque los otros sentidos del espectador invitándolo a que por momentos
solo escuche, en otros solo vea parcialmente y escuche y por último, vea, escuche y huela.
Esta decisión determinó que eligiese la casa de adelante del Teatro De Las Nobles Bestias y no el teatro propiamente dicho, para desarrollar la propuesta. Conciliar las interpretaciones en éste particular escenario fue y es un desafío por mantener el equilibrio entre el drama, las situaciones patéticas, el humor que muchas veces se desprende de ellas y el público presente, casi como testigo. Sara, Mane, Don Tito y un perro guardián llamado Berto, son los personajes de ésta historia en la que no se permiten cambios. Tiranizados por el legado familiar, los miedos y el afuera feroz, que les corta toda posibilidad de salida, crecimiento y la de conocer el verdadero amor, estanca sus vidas. Omar Aita




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