Jueves, 20 de Octubre de 2016

De Gonzalo Hurtado, Hernán Pajoni
Grupo teatral "La Valija "

Tras la muerte de sus padres, cuatro hermanos se imponen una larga y rígida reclusión dentro de los límites de su casa. Las cuatro paredes reproducen la opresión antes ejercida por su padre. Este tácito acuerdo fortalecido a través de los años, llegó a convertirse en una norma vivida como algo natural e incuestionable. El orden fue legitimado y su aprendizaje asegura la perpetuidad de las cuatro paredes. Las búsquedas compulsivas de libertad plantean la tensión entre sistema represivo, que es, a su vez, una forma de protección y también, al mismo tiempo, un modo de sufrimiento perpetuo.
Cuatro paredes es una pieza que busca reflexionar, con una variedad de juegos metafóricos, tanto desde el trabajo actoral como también desde la puesta en escena, sobre la incapacidad social para cuestionar un orden establecido dado.
La reproducción ad infinitum de diferentes normas sociales, la imposibilidad tanto de los sujetos como de comunidades enteras, para romper con los valores y las reglas establecidas, el miedo a la libertad, la certeza de lo rutinario y lo repetitivo, son algunos de los ejes principales de esta propuesta.

Sobre el proceso creativo

Cuatro Paredes nació como fruto de una investigación grupal sobre el impacto de las normas sociales en la vida cotidiana, de la cual surgieron un conjunto de personas desvastadas por una historia personal marcada por la impronta de la disciplina y el cumplimiento estricto de las regulaciones sociales, con una serie de patologías exacerbadas pero capaces de explicar conductas generalizadas en la sociedad y en la lógica de sistemas políticos criminales.
La investigación actoral avanzó del encierro patológico a una metáfora del funcionamiento de la sociedad. Las acciones o las prácticas reguladas por las normas sociales se manifiestan en el orden de la rutina que reproduce cotidianamente valores y acciones aceptadas por la sociedad. Las normas se incorporan a los cuerpos como modos naturales de la actividad social, y así éstos llevan las marcas inconfundibles del grado de ordenamiento que rige la organización social.
Las rutinas mentales y corporales no sólo son actos consecuentes con el control social impuesto, sino que a la vez permiten sostener la necesaria seguridad y confianza básicas que los sujetos tienen con su entorno. Por lo tanto, son formas de control y cohesión social, y a la vez fuente de sentido y refugio de la incertidumbre y de la angustia propia de la existencia humana. De este modo, en el transcurso de la obra, los personajes construyeron sus rutinas y sus funciones dentro del ambiente familiar. La casa que los cobija es un espacio de seguridad y dentro de ella se cumplen tareas, obligaciones y esparcimiento. Cada uno cumple con su función laboral, con sus obligaciones reguladas y controladas, y con momentos de recreación al igual que en el exterior. El incumplimiento tiene sus sanciones, el exceso de esparcimiento y libertad también. El control social no se cumple sólo a partir de la amenaza de sanciones dolorosas, sino también a través de la incorporación de reglas como rutinas: el control en las cuatro paredes y en la sociedad también es autocontrol.
Clasificaciones: Teatro




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