Jueves, 20 de Octubre de 2016

Durante cuatro meses realizamos entrenamientos que nos permitieran abordar esta obra de Ionesco que nos llevo luego ocho meces de ensayos. En estos 12 meses la experiencia de esta tarea nos permite estrenar “que formidable prostíbulo”, una pieza que sintetiza el pensamiento de este autor de origen rumano.
Aquí un hombre recibe una herencia de un tío en América, decide dejar de trabajar, abandonar sus compañeros de oficina, a su patrón, a sus amantes y comenzar a observar la vida que pasa a su alrededor, tratando de involucrarse levemente en las situaciones que lo rodean. Nos plantea la existencia como un vacio representando el estigma del hombre solo frente al mundo caótico. Aparece la violencia como contexto de una vida gris, donde el juego de las tensiones entre el amor y el desamor, son el paradigma de la conflictividad individual y colectiva de un mundo que se trastorna.
Las situaciones externas de la sociedad, sus guerras, sus horrores, sus peleas, sus muertes, se conjugan con el microcosmos de quien mira tratando de comprender el desquicio de la humanidad.
Los personajes de este espectáculo oscilan entre la parodia, la farsa y la realidad más cruel. Ciertos estereotipos de conducta no hacen más que confirmar el descalabro personal y social. Esto produce el artificio de la teatralidad, la exageración de ciertos comportamientos, todo mezclado en una propuesta en la que el autor pregonaba “mis personajes deben ser creíbles en base a inverosimilitud y estupidez, donde lo aparente de un marco de extravagancia y lo ridículo sea patético hasta convertirse en un humor doloroso.
La lucidez del discurso, la contradicción del lenguaje, la duda, la perdida de las certezas, la búsqueda de uno mismo en la introspección, y la imposibilidad de comunicarse, hace a la frase final “que farsa, que broma, y yo que sufría y me preocupaba, que prostíbulo es este mundo, que formidable prostíbulo”.

Ricardo Miguelez.

Clasificaciones: Teatro




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