Miércoles, 09 de Noviembre de 2016

De Federico García Lorca

“Doña Rosita, La Soltera... o el lenguaje de las flores” es una comedia de Federico García Lorca, ambientada en Granada y estrenada en diciembre de 1935 en Barcelona.
En una entrevista Lorca relata: “Mi amigo Moreno Villa me dijo un día: “Te voy a contar la historia bonita de la vida de una flor: la rosa mutabile, sacada de un libro de rosas del siglo XVIII. Había una vez una rosa...” Y cuando acabó el cuento maravilloso de la rosa yo tenía hecha mi comedia. Se me apareció terminada, única, imposible de reformar.”
La historia de la rosa mutabilis, que abre roja a la mañana, es como el coral al mediodía y se pone blanca al atardecer antes de deshojarse, no es la sola motivación de la obra. La sociedad granadina con sus cursilerías sustentan los tres actos de la obra.
Federico García Lorca define así la cursilería:
“La voz “cursi”tiene una difícil traducción en otra lengua. Es un quiero y no puedo, es un vivir simulando un plano social al que no se llega, es, esencialmente, una vergonzosa pobreza, y es una inclinación forzosa –y acaso complaciente- a los falsos signos exteriores que la encubre: más plumillas en el sombrero, más bibelots baratos, más afectación en la voz. Y puede ser cursi un dolor, un gesto, una melodía.
Y, a diferente escala, puede haber abundancia y cursilería. Pero sólo la que nace de la necesidad es la verdadera, teñida casi siempre por aspiraciones que, por legítimas e imposibles al par, ponen una nota patética y lamentablemente cómica”.
“Doña Rosita, La Soltera...” se compone de tres actos. El primero sucede en 1885, el segundo en 1900 y el tercero en 1911.
En el primer acto ocurre la acción dramática, se produce la partida del Primo y se vislumbra la larga espera de la enamorada. El segundo acto presenta una acción en el que abunda el testimonio social, es la pintura de una sociedad donde la cursilería se expone y desarrolla en forma completa. El acto tercero es el del desengaño, la sociedad hace que el tiempo exterior y el psicológico confluyan en uno solo porque obliga a la aceptación de la realidad frente a los sueños

La libertad personal (sobre todo la de la mujer) frente a la sociedad; el paso del tiempo, que en su fluir constante impide o perturba la realización individual; la fecundidad, al no alcanzar la esencial realización femenina que se logra en el hijo, ni tampoco otro modo de realizarse y la cursilería que rige la pautas para las normas y usos sociales, son los conflictos centrales que trasuntan en toda la obra, ejes preponderantes desencadenados a partir de la partida del novio.

Clasificaciones: Teatro




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