Martes, 19 de Enero de 2016

De Bernardo Cappa
Trata de una mujer del 70 adicta a dar sangre que vive con su hija que intenta ser escultora, le tiene pánico a la noche por eso invita a vivir con ellas al único cliente que tienen de la empresita de ensaladas que fue seguridad, el hombre llega con su hijo y la convence para que venda su sangre. El relato posee un hilo conductor que, como un trenzado, se desmenuza en pequeñas hebras que fugan ampliándolo, rompiéndolo y construyendo sucesivos relatos dentro de este. Como fragmentos de un espejo que se quiebra convirtiéndose en un prisma que nos permite ver multiplicidad de imágenes en una misma mirada se construye la obra. El caos ordena, sitúa a los personajes en distintos lugares dentro de una realidad que comparten, desde donde conseguirán relacionarse y adaptar esa realidad a un objetivo común sin perder su identidad. La puesta propone situar al espectador en un ámbito semejante al de un experimento de laboratorio, desde el cual es capaz de ver los múltiples fragmentos simultáneos que completarán la historia. El espacio se construye junto con los vínculos y como estos se transforma, se deshace y muta en uno o varios espacios que conviven con las mismas dificultades que los personajes, colaborando con la inevitabilidad del encuentro del otro. Toda la obra es un mecanismo de relojería en el cual cada pieza, con diferentes ritmos, y aparentemente única, terminará cumpliendo irremediablemente su destino grupal.




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