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Princesa peronista


De Marcelo Pitrola

La obra de Marcelo Pitrola obtuvo el primer premio en el IV Concurso Germán Rozenmacher de Nueva Dramaturgia del Festival Internacional de Buenos Aires 2005 y una mención especial en el Concurso Nacional de Obras de Teatro del Instituto Nacional de Teatro 2005. La pieza dirigida por Diego Rodríguez sitúa a sus personajes -interpretados por Silvia Hilario, Eduardo Peralta y Bernardo González- en el baño subterráneo de una unidad básica de la Provincia. La trama tiene como punto de partida la intriga política. Presenta una mirada contemporánea sobre las contradicciones y tensiones históricas que encierra la intimidad partidaria de uno de los movimientos políticos más aglutinantes de la historia democrática argentina y pone en escena lo que pocas veces se vuelve visible, en el mundo del poder.

La pieza presenta un dinámico entramado de deseos, ambiciones y manejos políticos a la sombra de la mitología peronista. Tres personajes se amparan de diversas maneras en la estructura del Partido Justicialista. Victoria, la amante de Martinoti, un puntero de una ciudad de la provincia de Buenos Aires, busca abandonar su posición y ser parte de la vida política de la ciudad. Por otra parte, Martinoti esa noche puede ser elegido candidato en la lista nacional y para eso necesita que Victoria esté lejos. Mientras Tití, el viejo y leal guardaespaldas, no hace más que responder incondicionalmente a los mandatos de su amo. En la fricción de los vínculos de estos tres personajes se encuentran sus miserias veladas y exhibidas. En lo que dicen, está presente lo que ocultan: sus miedos, sus angustias, sus deseos. Princesa peronista presenta un juego de poder donde se diluye la dicotomía maniquea de víctimas y victimarios.

La obra dispara interrogantes que no tienen respuesta o que no tienen una respuesta unívoca: ¿Qué se puede estar escondiendo en un baño abandonado de una Unidad Básica de la provincia de Buenos Aires donde se celebra una cena de las altas esferas partidarias? ¿Qué queda en la política partidaria actual de aquel movimiento que nació en 1945 con el apoyo de vastos sectores populares? ¿Cuántas historias con finales oscuros hubo por cada "final feliz" como el de Evita?

La obra de Marcelo Pitrola obtuvo el primer premio en el IV Concurso Germán Rozenmacher de Nueva Dramaturgia, con un jurado integrado por Mauricio Kartun, Jorge Dubatti y Daniel Veronese y organizado por el V Festival Internacional de Buenos Aires y por el Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires. También obtuvo una mención especial en el concurso nacional de obras de teatro 2005, con un jurado integrado por Griselda Gambaro, Alejandro Finzi y Patricia Zangaro y organizado por el Instituto Nacional de Teatro. La puesta en escena se realiza en el Teatro del Pueblo, con dirección de Diego Ernesto Rodríguez, las actuaciones de Silvia Hilario, Eduardo Peralta y Bernardo González, la asistencia de dirección de Cintia Miraglia, la escenografía de Karina Claramunt, la música de Federico Marrale y la iluminación de Magali Acha.

Con Princesa peronista estos jóvenes teatristas retoman la intriga política para presentar una mirada contemporánea sobre las contradicciones y tensiones históricas que encierra la intimidad partidaria de uno de los movimientos políticos más aglutinantes de la historia democrática argentina.

Sinopsis
Victoria es la amante de Martinoti, un puntero del peronismo en una ciudad de la provincia de Buenos Aires. Esa noche, cuando intenta llegar a una cena en la unidad básica, unas mujeres la interceptan y la golpean. Ella, fuerte y vehemente, busca ascender posiciones y ser parte de la vida política de la ciudad. Así que no desiste y va a la cena, pero Tití, el viejo guardaespaldas de Martinoti, la encierra en un baño fuera de uso antes de que llegue a la planta alta. Martinoti sólo baja desde la celebración para calmar a Victoria y, cuando la noche ya está avanzada, para tratar de gozar de ese cuerpo del que dispone. No quiere que Victoria esté en la cena; su esposa está presente y tal vez sea la noche de su elección como candidato a diputado nacional. Tití, sin dobleces ni ambigüedades, sólo hace su trabajo y sigue al pie de la letra las órdenes de su jefe. Victoria luchará para salir del baño y Tití, perro fiel e incondicional, se ocupará de impedirlo. En el curso de la noche, Victoria y Tití se enfrentan en un combate físico y verbal, pero finalmente se encontrarán con que, de diversas maneras, ambos no son más que desechos, restos perecederos, en la vida de Martinoti.

Sobre la Puesta en escena:
Tres seres. Un baño clausurado, el mundo subterráneo. Un cónclave partidario, el mundo superior. La política, un universo. Marcelo Pitrola hace confluir esos mundos, los de abajo y los de arriba llevan la misma bandera, entonan las estrofas de la misma marcha, y se diferencian entre sí como los hijos “legítimos” y los “bastardos”, aunque el ADN los una, unos parecieran tener derechos adquiridos y los otros serían torcidos. Entre ellos se aman, se traicionan y se vuelven a amar. Y así se definen, y así se construyen como Victoria, poniendo su cuerpo como moneda de cambio; como Tití, ofreciendo su cuerpo viejo y curtido de “códigos” como chaleco antibalas para velar por la ascensión prometedora de Martinoti, la cara visible de todos ellos. Por esto, Princesa peronista es una obra de cuerpos, una obra de sudores y lágrimas, de risas desubicadas, de olores estancados. Es una obra que necesita de la marca del cuerpo de los actores, para presentar esas otras marcas, la de los personajes. Este aspecto del trabajo es el punto de partida para la puesta en escena.

Por qué esta princesa es peronista (Por Marcelo Pitrola, el autor)
“No son pocos los historiadores que sostienen que la historia contemporánea argentina comienza con el peronismo. Tulio Halperín Donghi titula un texto sobre los últimos treinta años “La larga agonía de la Argentina peronista”. Esa Argentina que se extingue es la que se gestó en los primeros gobiernos de Perón. Pero este proceso de extinción, que tuvo en la dictadura militar iniciada en 1976 a su principal agente, continuó con los gobiernos posteriores, incluyendo a los justicialistas. Puedo decir que el contraste entre el peronismo contemporáneo y aquel de los orígenes está en el germen de escritura de Princesa peronista.

Desde mi adolescencia, cuando participaba en el centro de estudiantes de mi colegio, la mitología peronista, sus estandartes y marchas me provocaron cierta distanciada fascinación. Esta obra habla sobre esa mitología, sobre ese pasado que perdura sólo como un eco lejano y cada vez más tenue. Como Princesa peronista es una obra de teatro y no un ensayo histórico la tensión entre ese pasado de esplendor y el presente se realiza en la subjetividad y en la acción de los personajes: Victoria, la princesa que teje su deseo con los hilos de ese pasado mítico, pero en definitiva sólo puede ser la amante de un dirigente en ascenso; Tití, el incondicional guardaespaldas del puntero, con la mirada de un peronista que no se cuestiona su lealtad a ideales, jefes y líderes; y Martinoti, el pragmático puntero y diputado provincial de una ciudad de la provincia de Buenos Aires que opera con las ideologías en boga y espera esa noche su nombramiento como candidato a diputado nacional.

Por qué esta peronista es una princesa II

Mientras escribía la obra, fui a escuchar una conferencia de la historiadora Mirta Zaida Lobato a la Sociedad Científica Argentina sobre las reinas de los trabajadores durante el período 1948-1955, es decir, durante los dos primeros gobiernos de Perón. La exhaustiva investigación de Lobato me brindó algunos de los elementos necesarios para construir la mitología personal de Victoria. Estas reinas eran elegidas entre representantes de los sindicatos o de actividades productivas todos los primeros de mayo y mantenían su reinado durante un año. La reina y las princesas viajaban al interior del país, formaban parte del aparato publicitario y del impulso estatal de los derechos y el bienestar de los obreros. Me interesó explorar dramáticamente la combinación de realeza y peronismo, de belleza y trabajo. En la obra, la madre de Victoria fue una de estas reinas. De esta manera, por su historia familiar, Victoria pertenece a un linaje peronista, es literalmente una princesa peronista, pero su presente la encuentra desquiciada, ofreciendo su cuerpo como valor de cambio a un dirigente en ascenso. Ese desgarro es el que la obra procura transitar.

Entonces, la obra transcurre en el mundo del peronismo por los interrogantes que éste me genera acerca de nuestra historia, pero también pienso que, como dijo Diego Rodríguez, el uso del poder en los vínculos amorosos y sexuales no es de ninguna manera exclusivo de este movimiento. No se trata de hacer un análisis crítico del peronismo, sino de indagar un imaginario político clave de nuestra historia a través de la fricción de las subjetividades en juego. Por esto pienso que la mirada que construye Diego Rodríguez en interacción con los cuerpos emocionados de los actores aporta la teatralidad que la obra pide.”

Marcelo Pitrola

Por qué Princesa Peronista? (Por Diego Ernesto RODRÍGUEZ, el Director)
“La primer obra que dirigí en el año 95, fue un texto de A. Discépolo titulado “El Chueco Pintos”. El conflicto se situaba en la argentina de los años ’20 y mostraba el engranaje más primario de un sistema democrático balbuceante y cuyos principal referente era en aquellos tiempos la Unión Cívica Radical.

Hoy el texto de Marcelo Pitrola, “Princesa Peronista” me da la posibilidad de indagar en los intestinos de uno de los referentes más importantes de la vida política argentina de los últimos sesenta años. El Partido Peronista.

El peronismo, desde mi punto de vista, funciona en la historia como marco para una conflictiva de vínculos amorosos, de ilusiones y de traiciones. El imaginario de este movimiento uno de los más importantes de la fatídica historia argentina, aparece fundamentalmente sostenido por su protagonista “Victoria”, hija de una reina del trabajo en los años 50, que es la que se obstina por el amor, la lealtad, y la identidad que ha hecho de ella un ser peronista. En otro plano, la fuerza de choque del diputado en ascenso, Tití, nos trae la mirada del tiempo, desde un autismo utilitario, desde una obediencia de vida de los cordones de la vereda. Y el señor diputado, Rafael Martinoti, es la versión siglo XXI del puntero político, un operador de peñas, un peón con ilusiones de Alfil.

Pero en esta obra, no hay una intención crítica partidaria, lo que circula fundamentalmente es el error, el desencuentro amoroso. Está construida desde la observación sutil de los vínculos fundados en la ambición por obtener un lugar en la palestra.

Alguien me dijo alguna vez que lo importante no es sólo vivir, sino también, como se vive. De esto habla Princesa Peronista, y es por lo que dice y como lo dice por lo que me siento orgulloso de llevarla a la escena.”



Ficha técnico artística

Autoría: Marcelo Pitrola
Actúan: Bernardo González, Silvia Hilario, eduardo peralta
Vestuario: Alejandra Soto
Iluminación: Magali Acha
Diseño de escenografía: Karina Claramunt
Realización de escenografia: Leonardo Rodríguez
Música: Federico Marrale
Diseño gráfico: Gonzalo Martínez
Asistencia de escenografía: Cecilia Ojeda
Asistencia técnica: Martin Aranovsky, Leonardo Molica
Asistencia de dirección: Clara Frías, Cintia Miraglia
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Producción ejecutiva: Cintia Miraglia, Marcelo Pitrola, Diego Ernesto Rodríguez
Coreografía: Irene Castro
Dirección: Diego Ernesto Rodríguez



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