Lunes, 17 de Octubre de 2016

De Alfredo Allende
“¿Quién cocinó la última cena?” es una sátira sobre la dramaturgia con temática religiosa. Una comedia con tan cuidado tratamiento que no es posible que alguien pueda sentirse ofendido por la farsa: judíos, cristianos y agnósticos reciben un guiño en cada cuadro de la obra, un motivo sutil pero efectivo para desatar la carcajada. En esta original versión de los hechos, los discípulos de Jesús son catorce, entre quienes descubriremos a los ahora desconocidos apóstoles Papiras y Thermo. En la serenidad del monte, Papiras sigue de cerca los movimientos del último cordero que le queda. El pastor sin rebaño recibe un llamado celestial: una voz le anuncia la pronta realización de una cena muy importante, y en la que sólo deberán estar presentes Jesús y doce de sus apóstoles. Sólo doce; ni uno más, ni uno menos. Papiras interroga sobre la identidad de aquella voz tan profunda. “Yo soy el que soy”, le responde. Y así, frente a aquella revelación, el discípulo de Cristo atiende cada una de las indicaciones divinas: Papiras debe estar entre los doce si quiere alcanzar la gloria eterna, y él debe ocuparse de que así sea, descartando la presencia de los dos apóstoles que sobran. Preocupado por el mandato que recibió, Papiras llega a la casa de Thermo, donde ha sido invitado por Judas para una importante cena, tal como le había sido revelado. Ante la inminencia de semejante evento, el apóstol será capaz de cualquier cosa para alcanzar la gloria prometida y ser uno de los doce elegidos. Miserias humanas que incluyen actos de traición, asesinato y herejía. Mientras Judas prepara el guiso de cordero, aquel del exiguo rebaño de Papiras, una sucesión de hechos trágicos en los que se ven envueltos un soldado romano, María Magdalena y el mismo Jesús, vienen a determinar el curso de los acontecimientos. Una muerte, un milagro y la llegada inesperada del mismísimo Lucifer. Hasta que un desenlace fatal cambiará el curso de la historia (y arrojará el guiso de cordero por los suelos). Finalmente, como todos sabemos –o creemos saber–, los doce apóstoles se preparan para la Última Cena.




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