Sábado, 16 de Enero de 2016

Esta obra nos pinta una foto de las ignominias que azotan de manera despiadada la vida de muchas personas que viven a la merced de los regímenes represivos. Mario Benedetti en una dulce mezcla de diálogos profundos, reflexiones de su vida y poesía, nos presenta a PEDRO Y EL CAPITAN. Durante su encierro Pedro es acosado torturado física y psicológicamente por el Capitán. «Esta pieza dramática -advierte Mario Benedetti en el prólogo- no escenifica el enfrentamiento de un monstruo y un santo [...]. La distancia entre uno y otro es, ideológica;», pero la clave principal de sus verdaderas diferencias residen en aspectos que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ante el dolor humano, el complejo trayecto que media entre el coraje y la cobardía, la poca o mucha capacidad de sacrificio, la brecha entre traición y libertad. Enfrentados por causas contrarias en una batalla desigual, la víctima y el verdugo habrán de confirmar que hay valores eternos que ninguna fuerza represiva puede borrar, una defensa esperanzadora de la dignidad y de los derechos humanos.
El teatro cumple en este caso el fin de llevar al pueblo, no sólo el entretenimiento, sino la denuncia y la toma de contacto con la realidad.




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