Sábado, 30 de Enero de 2016

De Graciela Bilbao
En la atemporalidad que se plantea, El y Ella se conocen en un espacio único y fragmentado. A El lo acompaña una planta; a Ella, un caracol de mar. A través de la mágica música de este caracol, estos seres intentan acercarse, pero no es posible que dos espacios distintos se aúnen y siempre habrá una palabra equivocada que genere la distancia. El va y vuelve hacia la madre, una anciana milenaria que encierra en sí misma la sabiduría y el error. El y Ella van y vuelven en sí mismos, y en sus almas. Pero no podrán confluir, ni aún en la eternidad. Puesta en escena Los personajes son El, Ella y La Madre, estos dos últimos interpretados por la misma actriz. La estética de esta obra pretende transitar el camino intermedio entre el realismo tradicional y una forma estilizada. Por lo tanto, los tiempos escénicos son tres y el espacio es uno, que se transforma gracias al trabajo realizado con la luz que tiñe cada uno de estos tiempos buscando colores y matices propios de cada momento. Cada personaje se mueve con sus elementos escenográficos y compone su espacio en escena. La música actúa como separador de escena y es también apoyo del relato.




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