Viernes, 15 de Enero de 2016

De Edgar De Santo
“Sabia soy, sé algo y no sé las cosas que debería saber”, enuncia Medea, la extranjera, la maga, la mujer-escándalo, y, desde este nudo de su tragedia, recorre los fragmentos que hacen el derrotero de su historia, echando nueva luz sobre ella. “Otra” versión de la tragedia de Medea, la princesa sobre la que la tradición carga un grave prontuario: fratricida, infanticida, autora de un crimen pasional para vengarse del infiel Jasón, por quien huyó de su patria ayudándolo a robar el vellocino de oro. Su destino está signado, pero Medea ríe..., con esa risa que es último bastión de los que denuncian la injusticia. Medea, como único personaje, nos presenta desde su perspectiva la acción del drama en un paisaje en que el coro es interpretado por instrumentos musicales. Al filo de lo que es y lo que no es, una puesta postromántica antimediática, con todo el efectismo del melodrama dentro del corset físico y vocal del teatro Nô, del balinés. No es la violencia, no es la pasión, sino lo que queda de ellas; son los rastros de sus huellas. En un mundo donde “los dioses muertos aún gobiernan”, tras el colapso del socialismo y ante el descreimiento que suscita la ficción del capitalismo democrático, en tiempos de migraciones planetarias, la obra propone una reflexión sobre el ser extranjero como condición humana, el amor y el dolor, el cinismo de los mecanismos del poder, la trama de la fama, la utopía. Reservas: 4303-2911




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