Sábado, 05 de Noviembre de 2016

De Giuseppe Verdi
El talentoso compositor se inspira en el drama de Víctor Hugo El rey se divierte, en directa alusión al soberano Francisco I de Francia, aunque rápidamente la censura (que no acepta que el rey salga tan mal parado), se encarga de transformar París en Mantua, poniendo los excesos en un supuesto Duque. Rigoletto marca una nueva etapa en la creación del genial compositor, que aprovecha al máximo las posibilidades dramáticas de la historia y cambia determinados arquetipos operísticos: el barítono y no el tenor se convierte en el principal protagonista, para encarnar no ya al galán sino a un deforme bufón. El unipersonal La propuesta es una versión de teatro-ópera donde Rigoletto no está presentado como un personaje malvado ni vil, sino como un hombre limitado físicamente y puesto en consecuencia, en un lugar de burla. Es fruto del desprecio del poder, de la relación entre oprimidos y opresores; es posesivo, temeroso y, por ende, cómplice del duque porque no tiene otra alternativa. Su tragedia reside en no poder comprender aquello que nunca tuvo ni tendrá: libertad. La acción se desarrolla en la corte del duque de Mantua, ávido de fiestas en su palacio con el propósito de seducir a todas las mujeres, tanto solteras como casadas, plebeyas como cortesanas. Nada lo detiene. Rigoletto es su bufón y es el encargado de asistirlo en sus conquistas, además de divertirlo. Pero Rigoletto tiene un sagrado secreto: Gilda, su única hija, el tesoro de su vida, a quien mantiene oculta. Y un día negro le llega el turno. Un grupo de vehementes cortesanos –que ignoran su parentesco- la raptan y la ponen en manos del duque, apuesto y embustero, para que sume una nueva amante. Desesperado, Rigoletto busca venganza y trama un plan para matar al soberano, pero a estas alturas Gilda –de tan sólo 15 años-, ciega y víctima de amor, encuentra un final fatal a su breve vida.




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