Jueves, 14 de Enero de 2016

De Jordi Galcerán

Cuatro candidatos al puesto de ejecutivo de una multinacional se enfrentan en la entrevista final. Pero aquí no hay entrevistador, sino que poco a poco deben descubrir quién es realmente quién. El Método Gronholm es la obra teatral revelación surgida del Teatro Nacional de Cataluña en el 2003.

“...diálogos fulgurantes, situaciones que cambian de rumbo en el instante más inesperado, interés que no decae y un final sorpresa que contiene otra sorpresa en su interior: carcajadas, hay muchísimas, pero la tensión es constante ” (El País, de Madrid).

Comenta Jordi Galcerán: ...“La idea de la obra nace de una anécdota real. En una papelera de Barcelona se encontraron una serie de documentos en los que un empleado del departamento de personal de una cadena de supermercados había anotado sus impresiones sobre las posibles candidatas a un puesto de cajera. Los comentarios estaban llenos de frases machistas, xenófobas y crueles del tipo “gorda, tetuda...”, “moraca, no sabe ni dar la mano...”, “voz de pito, parece idiota...”, etc. Aquel empleado, escudado en la sagrada misión que le había sido encomendada, se creía con derecho a emitir y poner por escrito aquellas sandeces sobre una serie de personas a las que no conocía de nada. El hecho de tener el poder para otorgarles o no un trabajo lo legitimaba para ser cruel, implacable. Imaginé a esas pobres chicas intentando dar una buena imagen de si mismas, una imagen empresarialmente correcta, intentando hacer lo que creían que se esperaba de ellas, dispuestas a soportar incluso pequeñas humillaciones para conseguir ese trabajo que necesitaban.”

Comenta Daniel Veronese: ...“Hasta dónde puede llegar el esfuerzo de un candidato para obtener un puesto de trabajo soñado? Y por otro lado ¿cuáles son los verdaderos límites del proceso de selección seriamente propuesto por una empresa líder? El juego entre los aspirantes se irá convirtiendo a lo largo de la obra en un combate de sentimientos, ambiciones y envidias, siempre en los límites entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira. Ese es el juego Gronholm. Un juego que nos hace saber que, allí dentro, no importa quiénes somos ni cómo somos, sino lo que aparentamos ser. Nuestra auténtica identidad no le importa a nadie, quizás ni a nosotros mismos.”





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