Jueves, 14 de Enero de 2016

De Gastón Cerana

En un viejo caserón de Pehuajó, conviven algunos integrantes de la Familia Carvelli. Ellos han heredado un violín Stradivarius cuyo remate puede salvar a unos de la miseria, a otros de las deudas y materializar los anhelos más ambiciosos de cada uno de ellos. Pero Bruna, la dueña de casa, tiene la mayor proporción de la herencia. Tutora del instrumento, ha decidido enclaustrarlo en una vitrina de cristal rodante dentro de la cual el objeto hace ostentación, en medio del
living-comedor de la casa, como documento histórico de la riqueza familiar.
Paradójicamente y aunque a todos les pase por alto, Paula, la más pequeña de la casa, ama la música y quiere ser violinista.
Sus tíos adoptivos, le han facilitado un piano, una guitarra y una flauta dulce. El violín se mira pero no se toca, pues constituye mucho más que un inutilizado recuerdo de ancestros; es el disparador que agita los motivos de discordia que pondrán fin a la forzada relación entre Bruna y sus primos, Eduarda y Domingo.
Pero Miguel, un joven profesor de música convocado por Eduarda para que prepare a Paula para el ingreso al Conservatorio local, se convierte en único testigo ajeno al conflicto, de las miserias que impiden que Paula pueda desarrollar su incondicional amor por la música. Intentará convivir incrustado en el seno de los Carvelli, hasta garantizarse que Paula, de quien se ha enamorado, haya revertido su suerte.
Esta pieza dramática fue inspirada en la obra de Antonio Stradivarius (1644-1737) y en el misterio sobre la construcción de sus violines, jamás superada en la historia.





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