Lunes, 14 de Noviembre de 2016

En un presente embriagado de presente, no sorprende que el arte mire hacia atrás buscando recuperar el espesor perdido del tiempo. Lola Arias lleva años revisitando el pasado, devolviéndolo al presente con remakes de vidas ajenas y restos difusos de sus propios recuerdos. Vuelve a la historia reciente, pero la refracta con el cristal facetado del teatro, la instalación o el video, y la ausculta con la materia vibrátil de cartas, diarios íntimos, cosas guardadas, fotos viejas. La materia del arte es fatalmente el pasado pero lo que cuenta es el cristal, que arremolina la flecha del tiempo.

Sucede en Veteranos, una instalación de video en la que cinco excombatientes reconstruyen episodios de la Guerra de Malvinas en los espacios conocidos en que hoy viven o trabajan. La ficción es apenas una alteración del espacio y el tiempo que extraña la recuperación del pasado, lo acerca y enseguida lo distancia. Como en una pieza de cámara, el tiempo se recrea con un pulso propio en la partitura de cada intérprete: el setting cifra los caprichos del destino y la repetición ilumina las diferencias. En un fresco más abarcador, Cadena Nacional recorre cuarenta años de historia argentina recreando discursos presidenciales, pero los que ahora doblan a los presidentes son hombres y mujeres tocados por el efecto de lo que se dice o se anuncia. La transmisión en cadena, género privilegiado de la historia oficial, se superpone con las historias de vida de los que repiten sus palabras con empatía o sonrisas irónicas, neutralidad distante o énfasis farsesco. Como en contraplano, El sonido de la multitud amplifica las respuestas populares a las voces del poder en el escenario privilegiado de la participación política de masas, en el que la memoria histórica se activa por defecto. La línea de tiempo de la historia argentina moderna podría reconstruirse por entero con el inventario de consignas y cánticos que quedaron grabados en los registros sonoros de la Plaza de mayo, ahora entreverados para que el espectador coree en un karaoke y los recomponga con su propia línea de tiempo. Ejércitos paralelos, en cambio, reproduce con exactitud una garita de seguridad como un ready-made del paisaje urbano, y nos invita a habitar por un momento uno de esos mini-panópticos anclados en las esquinas de los barrios prósperos, observar desde allí en lugar de ser observados y escuchar las voces de guardias de seguridad reales. Doble de los agentes del orden y a su propio riesgo, el espectador puede imaginar cómo se descalabran las coordenadas de tiempo y espacio, mirando el mismo paisaje durante las ocho o doce horas de guardia.

Dias y horarios de las funciones: lunes a viernes de 10 a 17 hs, sábados, domingos y feriados

Clasificaciones: Instalación, Adultos




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