Jueves, 20 de Octubre de 2016

De Rafael Spregelburd

"Tres bocetos a mitad de camino entre lenguajes escénicos (teatro, performance, danza, concierto barroco, y por qué no, mamarracho, ensayo teórico, work-in-progress ya fijo y estancado) como un fascículo perdido de alguna enciclopedia sobre lo Contemporáneo: El fin del arte, El fin de la realidad y El fin de la historia".

El final es una ilusión útil y vengativa.
Útil, porque aquello que termina debe por fuerza haber comenzado alguna vez y así cada final susurra que el destino se ordena en línea recta y no como mero azar. Vengativa, porque quien anuncia un final adquiere automáticamente un poder enorme: el que señala el final lo hace porque siente que ha sobrevivido a él. El final es siempre el de los otros, es para otros. Para el propio final no hay lengua ni muestrario.
Esta obra, como un fascículo perdido de alguna enciclopedia sobre lo Contemporáneo, ensaya útil y vengativamente tres finales posibles, asimétricos: El fin del arte, El fin de la realidad y El fin de la historia.

El fin del arte parte de un incidente real, vulgar, conocido como “Ecce Mono”: una señora octogenaria, en un pueblito español, intentó restaurar una pintura religiosa que desaparecía gradualmente de la pared de su capilla. Un acto de genuino amor pero de sutil espíritu conservador que es convertido rápidamente en broma, en adefesio, en escándalo. Y en negocio. Ahora, dos profesores de arte deben decidir si incluir a Cecilia Giménez en el programa de la materia que pretenden enseñar y que se les diluye entre los dedos grasientos a medida que las nuevas generaciones oscurecen los pasillos de sus raídas academias, de sus reiteradas pseudocertezas.

El fin de la realidad señala el advenimiento de lo virtual, de una realidad de pacotilla, de una construcción convencional en la telaraña colectiva y anónima del lenguaje. Unos intérpretes traducen en simultáneo una importante conferencia. Todo lo importante lo es sólo dentro de su contexto; fuera de él, lo real adquiere el rictus de lo virtual. Así como todas las palabras de un diccionario se señalan unas a otras sin salir jamás de los límites de sus dos tapas duras, cada lengua no es sino la sombra del fracaso de la lengua vecina, la de los otros, que han intentado también mil nombres diversos para la angustia. En toda traducción, el Sentido es el rehén. Y el victimario.

Para El fin de la historia hemos elegido un montaje sin palabras, esperando que sin ellas acaecerá entonces todo lo otro. Un nutrido grupo de actores ensaya una obra de alguna otra época. Lo que desean con fervor es contar la historia. Pero, ¿hay algo que contar, más que la propia subsistencia terca y corpórea de esos seres contemporáneos? ¿Los tomará la historia por asalto para inscribir sobre ellos sus desgranadas fórmulas, sus gritos de amenaza, de agonía?

Barroco, entropía, bailecitos, cine mudo, pieza teatral, ensayo, objeto escénico trouvé, Tres Finales se encuentra muy cerca del límite de las artes escénicas, pisoteando todos los otros territorios: la música, la ópera, la danza, la performance, el video y –por qué no- el ensayo teórico.

Duración: 60 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos




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