Lunes, 27 de Junio de 2016

De Miguel de Cervantes Saavedra

En conmemoración del IV Centenario del Quijote, el Teatro Nacional Cervantes abrirá su temporada 2005 con Numancia, ese extraordinario experimento trágico-épico, de Miguel de Cervantes Saavedra.

La poética de Cervantes ponía en cuestión el propio sistema estético al que pertenecía, no se adecuaba a los preceptos de Lope de Vega ni al rigor de Calderón, era, respecto a sus ilustres colegas, tan excesiva como el despliegue de los héroes que enloquecieron a Alonso Quijano y produjeron a Don Quijote. Hay una anacronía en su universo moral y formal que, paradójicamente, abre con extraordinarias sugestiones lecturas a la modernidad y, así, encontramos a Cervantes en Brecht naturalmente, pero también en Valle Inclán, Claudel, Pirandello y Beckett, entre muchos otros autores del siglo pasado y, posmodernidad mediante, quizás del presente.

La tragedia de Numancia, se inspira en hechos históricos sucedidos en una pequeña ciudad celtíbera, asentada actualmente a seis o siete kilómetros de Soria, España. El sacrificio de Numancia –ocurrido en el año 133 antes de Cristo- sucedió tras catorces años de enfrentamiento y resistencia al gran gendarme del mundo antiguo, Roma, que, cuando por fin logró sentar la planta en la ciudad exánime, sólo encontró cadáveres y cenizas. Espanto y terrible miedo del Imperio, llamó Cicerón a Numancia, la pequeña comunidad que había desafiado el poderío de la Gran Nación depredadora, lastimado su orgullo, derrotado a sus mejores generales y que, derrotada, no dejó a su vencedor ni un sólo cautivo, mujer o niño, y ni siquiera un mísero trofeo ya que hasta las armas entregaron los numantinos, antes de darse muerte, a las llamas.

Clasificaciones: Teatro




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