Martes, 19 de Enero de 2016

De Cristina Escofet

La María y el Negro evocan pedazos de una historia mugre: los negros, las cautivas, la propia mugre marginal y prostibularia. La María siempre en relación a su partenaire el Negro, como negro y como compadrito. Es todas las “razas”, la mestiza, la india, la cautiva, la blanca desaparecida y convertida en la otra: para los indios apropiadores, para los propios blancos, que ya jamás la reclamarán sangre de su sangre. Ella proviene de todas las sangres, de todas las marginalidades, todos los cuerpos colonizados. Y el negro es el símbolo de una “raza” que la Argentina quiso invisibilizar, pero que late en cada ladrillo de un país que se empeñó en blanquear sangres que siempre brotarán. En cada piel. Encada adoquín. En cada ladrillo. En cada página de una historia laberíntica, hipócrita y por qué no apócrifa.

Se mezcla el humor con el dolor. Flashes. Aguafuertes. Cuadros. Fragmentos de una memoria olvidada. Una poética de bordes sainetescos y lunfarda, mezclada con sonoridades buceadas en fuentes afro y canyengues. Candombes, sones, milongas y tangos.





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