Viernes, 15 de Enero de 2016

Continente, o quizá océano, Shakespeare es inmenso, tal vez inabarcable. De una u otra manera, enfrentarse a él es echarse a viajar en busca de la clave de los misterios que están detrás de cada una de sus obras. Por eso, además de grande, es también formativo, amable y tiernamente dispuesto a servir de vehículo del aprendizaje, que es también de por sí, un viaje de iniciación hacia los secretos del oficio. Durante algunos años, maestros y talleristas han frecuentado juntos y a modo de sucesivas hipótesis de trabajo, los textos de los grandes dramaturgos clásicos y modernos; y Shakespeare los acompañó más de una vez. Por eso esta vez y como cierre de esos años, han intentado este viaje, en el que cada tallerista eligió personajes y textos, destinados a mezclarse en un viaje de cabotaje (con las costas a la vista) por las aguas embravecidas del gran poeta de la escena. No han tratado de contar ninguna historia (que siempre estaría mejor contada por cualquiera de sus obras), sino indagar en lo que a cada actor le resonaba personal e íntimamente. Siendo cada uno protagonista de su propia fantasía, el resultado no podía ser sino descentrado y, de alguna manera, cargado de muchas más preguntas que respuestas. Lo que se muestra no es entonces un resultado, sino un proceso a través del cual se construye un mosaico de sugerencias y de atmósferas que Shakespeare les ha brindado con su inagotable generosidad.




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