Miércoles, 17 de Febrero de 2016

Dos hombres conversan en la noche. El uno, un hombre común, el otro un poeta, un artista, un condenado que sabe que va a morir..
Al modo de Don Quijote y Sancho confrontan la tosca realidad del parroquiano sencillo y la metáfora elevada y algo delirante del hombre de la flor y como en la célebre novela de Cervantes uno sospecha que ambos constituyen esa rareza, esa extraña polaridad de nuestra inquietante condición humana.





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