Sábado, 12 de Noviembre de 2016

De Elio Vittorini
La posguerra del 45 es el marco en donde transcurre esta obra. Una familia numerosa vive en la periferia, sólo uno de sus miembros tiene trabajo y con su salario deben vivir todos. La madre junta achicoria y verduras silvestres, con el pan racionado son los únicos manjares que día a día pueden comer. Conforman la familia el Abuelo, hombre fuerte de cien años que fue albañil y trabajó en las grandes obras de ingeniería de fines de siglo XIX y principios del XX, su Hija, que lo atiende y que ante todos lo llama el “elefante”, los hijos de ésta, su segundo Esposo y sus nietos. Una mañana llega ub obrero y dice ser un amigo del Abuelo. Tiene la cara negra, ya que trabaja por los caminos con el asfalto, y los niños enseguida lo apodan Cara de Humo. Y es justamente este desconocido quien empieza a develar las cualidades de los elefantes y les cambia las maneras de ver las cosas. Invita a todos a un pequeño festín, manda a comprar vinos y anchoas. El Abuelo ya no oye, no ve, no habla, no camina sin ayuda, sólo come mucho, pero el visitante a través de su simpleza y su música logra revivirlo. La Hija le pregunta, sobre la muerte de los elefantes, y el hombrecito cuenta para asombro de todos, que tiene cementerios secretos. Luego, borracho y temblando de frío, se marcha. Al día siguiente el abuelo comienza a hablar y a preguntar cómo es la muerte de los elefantes. Euclides, el hijo que trabaja, cuenta que a Cara de Humo lo encontraron muerto de tuberculosis por el humo de su trabajo. El Abuelo una madrugada se levanta solo y se va... como los elefantes, Juntos.




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