Martes, 22 de Diciembre de 2015

Un hombre. Su soledad. El box. Los recuerdos. Los que se borran.

El olvido.

Su nombre era Ramón o Román Sosa, llegado a San Jorge en los

años 50. De trabajar como boyero en una estancia que criaban toros

de raza para reproducción, pasó a ser un boxeador amateur.

Alrededor de él se tejieron distintas historias y anécdotas, lo que sí

se sabe es que Sosita deambuló 30 años por las calles de la ciudad

en total indigencia y se recluía en una tapera cercana a la ciudad,

donde vivía con un perro negro llamado Falucho.





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