Jueves, 20 de Octubre de 2016

De Bernardo Cappa

Almudena: El alma de Zorzal echó raíces en este territorio, de eso no tenemos dudas; la fuerza de los hermanos recordando siete días en convivencia, invocaciones y ayuno lo hará volver, y a partir del quinto ya se podrán ver la primeras señales, será palpable el séptimo día.

Cátulo: Eso que alcanzan a ver tus ojos, más allá del primer alambrado de púas, más allá de ese campo sembrado de sorgo, más allá del trigal, de la laguna, de la tranquera, del tanque, de los molinos, de la vacas pastando, todo eso va a ser tuyo.

Cátulo, el hermano mayor, escribió las cartas destinadas a sus tres hermanos, convocándolos nuevamente a la casa de la infancia. Ya el llamado anuncia el motivo: volver a Zorzal de la muerte. Zorzal, amado perro dogo, punto nieve de una raza canina creada por Argentino, el padre de la familia. Esta muerte, ocurrida hace diez años, se convirtió en el punto de dispersión: desde aquel día los cuatro hermanos no se han vuelto a ver. Al llegar son recibidos por una mujer extraña, Almudena, quien los introduce en un espacio plano de representación. Aquí, en este campo ubicado en algún lugar de la pampa, hubo una casa, aquí hubo una familia. Ahora sólo hay un territorio plano que debe ser construido por las representaciones. Sólo una débil línea de tiza blanca, dibujada en el piso, es el límite que evoca lo que antes fue.

Clasificaciones: Teatro




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