Sábado, 22 de Octubre de 2016

De Luis Palacio
La institución forma parte de la trilogía “San Luís, mi tierra” del mismo autor, que llevó a escena la Compañía Teatral El Público en el espacio Artístico Cultural L’aparecida.
La Institución, ¿Qué es?
Alguien recostado sobre una silla de director de cine recibe a los espectadores en la puerta del teatro. En sus manos sostiene una botella de licor (debería ser brandy, ya que la melosa música de fondo de Dyango suena, insistente, “esta noche quiero brandy / para entrar en calor”). Así, comienza La Institución: con un director de cine desplazado que bebe mientras canturrea la prosaica canción. En la parte superior del teatro, una amable dueña de la institución, una empresa de banquetes, guía a los espectadores hasta otro espacio (que no será el último).
De allí la obra se desarrolla vertiginosamente. La Institución ya no es una institución; la empresa de banquetes tampoco es lo que dice ser. La altiva directora, Ester, su empleada Mabel y Marcos, marido de ésta, van cambiando sus roles. En la Institución la perversión se adueña del espacio de manera muy sutil, pero progresiva, el estado de las cosas se perturba, la alteración comienza a atravesar a todos los personajes y la desintegración precede a la degradación (tal vez allí la metáfora utilizada del cine porno, representar, en la conciencia social, lo degradante). La Institución es una obra violenta. La violencia no es sólo matar para robar, la violencia se esconde en los pliegues de todos los actos cotidianos y la compañía teatral El Publico, ha sabido capturar los espacios de la realidad en la obra, y mostrarlos humillados, hasta indefensos.
Las obras de la compañía teatral El Público, generan rechazo, disgusto o placer, pero nunca, indiferencia.
Marcos, uno de los personajes, sostiene en un momento: “Prender la hornalla al máximo, poner mucho aceite en la sartén, pero mucho, el aceite se contiene, sigue en silencio hasta que su víctima, la patata, activa su furia.” La Institución deja expuesta la realidad como una falacia que vivimos, y como diría Gide, “Y, metáfora o no, lo que digo aquí, es absolutamente cierto.”
Clasificaciones: Teatro




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