Jueves, 14 de Enero de 2016

De Horacio Banega

Jana 28 años; Guillermo Torresi 50 años; Ethel, 38 años. Bariloche. Una pareja en crisis: Guillermo, un falsificador que ha perdido su pulso y Jana, una joven tomada por los celos. Llega Ethel con una propuesta: falsificar la firma de dos cheques y cobrarlos. La mujer resulta ser la nuera de Guillermo. Su hijo Charly ha caído preso y está inválido. Ella quiere liberarlo. Tienen 48 horas. Ethel se asusta. Guillermo duda. Jana firma y cobra un cheque. Guillermo y Ethel intiman sexualmente. Los tres discuten por el dinero. Él decide cobrar el cheque restante y salir en busca de su hijo. Jana partirá a Roma. Ethel a Australia vía Ushuaia.

Sobre USHUAIA, por la investigadora Beatriz Trastoy “En una habitación oculta, dos mujeres y un hombre urden una trama perversa de engaños y simulaciones, que desestabiliza las inciertas fronteras entre verdad y mentira, entre ficción y realidad. Cada uno de ellos se construye a sí mismo y construye a los demás como personajes de historias propias y ajenas, que transgreden tanto las leyes que regulan lo social, como las que fundan los géneros teatrales. Estafa, robo, incesto, adulterio, usurpación de identidad, venganza familiar y, finalmente, la esperanza de la huida individual como única posibilidad de supervivencia. La vida –al menos ésa, que ellos creen verdadera- parece estar siempre en otra parte, en otra dimensión acaso tan remota como el remoto sur argentino. Para huir, fugarse, emigrar, exiliarse, y también para cumplir el gesto de pretendido heroísmo paterno, Australia, Italia o cualquier lejana provincia criolla se vuelven resonancias de espacios casi míticos, que el deseo traduce y manipula. Y ya se sabe que las traducciones, al igual que el teatro, son siempre ejercicios de equivalencia, de semejanza, de invención; son, en última instancia, traiciones, falsificaciones, infidelidades, artificios de la lengua, de la escritura y de la cultura que imponen siempre, ineludiblemente, un regreso a nosotros mismos, una mirada sobre lo propio que nos revela y nos interpreta.”

Dice Horacio Banega, el Director: “Empezamos improvisando. A partir de lo que los actores hacían en el espacio conecté algunos dispositivos de comunicación entre ellos para diseñar el mundo al que sus imaginarios los llevaban. Esos primeros bocetos nos hicieron creer que había un germen de historia y teatralidad incrustado en ellos. Los temas fueron apareciendo como en una partitura.

Las situaciones textuales se templaban por un permanente poner en crisis lo que se había plantado previamente. Apareció que la verdad (de las situaciones, del teatro mismo) era nuestro tema. Pero el dinero, la falsificación, el Sur, los lugares imaginados e imaginarios, las relaciones paralelas; todo esto nos sorprendió durante la indagación.

Quise escribir, con eso que los cuerpos sugerían, una obra de y con diálogos. Pero también una obra que planteara lo que todos nos planteamos: ¿de donde extraer el dinero suficiente para vivir nuestros sueños?

Un punto de vista que varía de acuerdo a una posible posición del espectador, como imposibilidad de ver al mismo tiempo todas las perspectivas de un objeto o de una situación: así se diseñó el espacio. Un policial en el teatro sin policías: el diseño sonoro se basó en esa especie de contradicción en los términos. La falsificación fue el concepto guía en la puesta en escena. El sistema de actuación fue el que los mismos actores proponían. Sin ellos, no hubiera podido llevar a cabo este trabajo.”





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