Martes, 15 de Diciembre de 2015

De Nicolás Ayardi, Sebastián Romero

En una ciudad pequeña de un mundo infinito, en un año que podría ser cualquiera, hay un hostel. Segundo y Clara, padre e hija, junto a su recepcionista Lautaro y su empleada de limpieza Elena, preparan todos los días el mismo desayuno y las mismas comidas, y reciben a la gente con las mismas palabras. Hace ya casi un mes que los huéspedes son los mismos. Luciana, amiga íntima de la infancia de Clara junto a su pareja Nicolás, un escritor que publicó hace poco su primer novela. Todos rendidos a una cotidianeidad que repite religiosamente horarios y quehaceres, concentrados en un hacer que los aleja de sus inminentes conflictos personales y de algo que la televisión anuncia como inmanente: una revolución en las calles. Son las últimas 48 horas de dicha revolución. En la primer noche, llega un nuevo huésped que nadie esperaba. Tim, un joven de habla inglesa en busca de conocer gente y divertirse. Pero Tim no llega en cualquier momento. Llega en la noche en que Lautaro ve a Luciana desarreglada y escondida detrás de una mesa que Clara trata de ocultar; llega en el momento en que a Luciana se le despierta esa creciente sensación de que lo que siente por su amiga Clara es demasiado grande; llega una noche antes de que Nicolás organice una despedida de solteros para sí mismo sin haberle nunca propuesto matrimonio a su novia; la noche antes de que Elena vea por la televisión datos suficientes como para creer que su hijo, al que hace muchos años que no ve, esté de vuelta en el pueblo; la noche antes de que Lautaro y Margarita están listos para decirse lo que sienten; la noche antes de que Clara se entere que el viaje que tanto tiempo soñó, finalmente va a pasar; la noche antes de que Segundo pierda sus cabales y esté dispuesto a todo por no perder a su hija. Sin embargo, es también la noche antes de que todos los conflictos estallen pero que todos sus protagonistas pretendan intentar una vez más, seguir con la normalidad insulsa e irreal de los días. ¿Podrán hacerlo cuando se den cuenta que tienen que permanecer encerrados frente a frente con sus verdades, dentro de esas paredes, porque la televisión anuncia un violento estado de sitio? ¿Querrán entonces quedarse? ¿Podrán escapar sin más cuando la revolución estalle adentro y afuera del hostel? Quizás sea hora de enfrentar la realidad. Aún, cuando ya sea demasiado tarde.





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