Viernes, 13 de Mayo de 2016

De Álvaro Fenochi, Malí Guzmán

Dos primos de edades similares (niña y varón) se encuentran en lo que, para los padres, es una amena reunión familiar. Para ellos, no.

Obligados por los grandes, los niños deben jugar juntos en el dormitorio del primo "anfitrión" que se encuentra estudiando para la escuela.

Ambos comienzan de mal humor. Uno por el encierro, las tareas escolares y ¡encima! el deber de atender a un invitado no deseado que le desordena y toca todos sus juguetes; el otro por acompañar a sus padres en una aburrida visita, encerrado también en un dormitorio donde no puede curiosear en paz y a solas con un primo con quien nunca se ponen de acuerdo para jugar.

Es en esta situación "límite" de disgusto y aburrimiento que deben apelara la imaginación y al juego para escapar de un lugar y un momento desagradable para ambos.

"¿ta que yo era.?" Esta clásica frase inaugural en todo buen juego de roles es la antesala para transitar por distintos escenarios (diversos lugares y diversas épocas).

El viaje que emprenden (donde utilizan medios de transporte inverosímiles surgidos de su imaginación -híbridos de barco y helicóptero, submarinos con alas, etc.)
los traslada a cada escena y en éstas la necesidad de solucionar problemas prácticos los lleva con naturalidad hacia las matemáticas. Materia abstracta que no les despierta ninguna simpatía pero que es redescubierta en su aplicación real (¿cómo dividir un ejército?, ¿cómo calcular los árboles del bosque?
¿cuántos escalones restan para poder escapar de un peligro?)

Los cuatro músicos que cantan en vivo las tablas ofician también de personajes secundarios que acompañan el juego de los niños.


Clasificaciones: Teatro, Infantiles




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