Martes, 13 de Septiembre de 2016

De Mario Petrosini, Paula Ransenberg

Se querrán y no, se desearán y no, se odiarán y no, pero nunca podrán dejar de amarse. El amor suele ser el más tozudo de los sentimientos. Y también el más frágil. Entre la tozudez y la fragilidad se debatirán los niños, los amantes, los condenados. Y la condena del amor es dulce o sabe a hiel, según soplen los vientos. Y por esa puerta que abren y cierran una y otra vez, a veces entra la brisa del tiempo bueno, del sentimiento más puro e indestructible, y otras veces se ve el desierto. Pero el amor estará siempre con ellos, aunque ellos no lo vean; aunque el aire huela a tiernas hojas arrancadas del árbol, allá en el barrio de la infancia, o el viento les golpee la cara con cachetazos de arena.

Clasificaciones: Teatro




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