Sábado, 16 de Enero de 2016

De Alejandro Seta
Cuando uno se sienta en la salita de Mimoteatro, y comienzan a sonar los acordes de una guitarra que interpreta una milonga, y la escena, callada, empieza a hablar por sí misma, uno no sabe que nos hablará de tan diversas cosas: ¿nos cuenta la historia posterior a la caída del peronismo después del 55, de las huelgas que fueron castigadas con el cierre de las estaciones de tren, de las consecuencias humanas de la migración interna, de la femineidad avasallada, de la soledad última, o de todo esto a la vez porque esto es la vida?

Tres personajes, Rosario (Ana Neira), María (Cecilia Legarralde) y Juan (Alejo Ontoria) convocan los fantasmas de seres que se comunican entre sí a través de la vida y de la muerte, suerte de realismo mágico americano y de creencias criollas atravesadas desde lo aborigen, como cuando Juan relata que le serruchó los tacos de los zapatos a Rosario para no escucharla cuando volviera, pero que se lamenta de haberlo hecho porque ahora prefiriría escucharla. Estos y otros textos van marcando al personaje de Juan, quien se debate entre dos seres femeninos que lo aman y a los que ama, y su deseo de ser fiel y sus deseos, son la lucha que no puede resolver y profundiza su soledad. Tres personajes, y tres monólogos que los descifran , finalmente, logrando una intensa puesta teatral llena de vida y de pasiones.

Y si Seta es un apellido repetido en este trabajo, se debe a que Carlos María (el compositor de la milonga que lleva el mismo nombre de la obra), Alejandro (poeta, narrador y titiritero) y Natalio (maestro de actores y director de vastísima trayectoria como formador) es porque, después de muchos años de haber atravesado sus propios caminos artísticos, este padre y sus dos hijos han coincidido en este proyecto casi familiar que los convoca en una interesante unicidad de intereses.




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