Miércoles, 20 de Enero de 2016

De Darío Durban

Hace mucho tiempo u hoy mismo, un hombre y una mujer dedican sus vidas al trabajo. Se desconocen a sí mismos.
La alienación los desborda mientras en la oscuridad de la fábrica accionan palancas y golpean botones.
Así pasan los eternos días, sin más motivación que la de producir, aunque desconozcan el producto. La rutina los envuelve. Pero el tibio recuerdo de otra vida sembrará la duda en uno de ellos. Una voz ahogada pedirá cantar, la vigilia se hará insostenible y el sueño demasiado ligero.
El silencio será remedio para uno y dolor para otro.
La oscuridad, refugio y motivo de temor.
Las preguntas, el pánico y la esperanza.
El atisbo de nuevos caminos creará la ruptura y los cambios se precipitarán.





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