Lunes, 24 de Octubre de 2016

De Gastón Mazieres, Andrea Ojeda, Martin Ortiz
Argumento Tres hombres jóvenes se proyectan en lo que podría llegar a ser su propia madurez (tipos de portafolio raído y zapatos gastados, cuesta abajo por la costumbre de una vida sin brillo). En ese futuro se encontrarán, después de muchos años de no verse. El lugar está viejo y marrón, como ellos. Ahí solían cantar glamorosamente y hasta pretendieron conformar un estupendo cuarteto de boleros. Pero ahora ya casi olvidaron las canciones, envueltos en vidas ajenas. Cada vez que quieren cantar acuden otras presencias que los embrutecen, evitándoles concretar su propio deseo. Los tres musicastros (meros figurines de sostén) llegan temprano, se encuentran detrás de rostros envejecidos antes de tiempo, con risas planas, llorando chistes. Falta el Verdadero Músico, el Cantor. Lo esperan porque creen que sin él no podrán encontrar el tono, y la ansiedad evidencia la miseria que los aqueja, pone en el contorno de los ojos una amargura tal vez irreversible. Sin embargo mediante breves visitas a otro plano (en las que sus rostros rejuvenecen y se limpian de toda mentira) accederán a la “visión” de un futuro que, lejos de estar preestablecido, es algo que deben construir. Entonces tratarán de cantar otra vez, enfrentando el paso del tiempo que ha corroído sus voces, olvidando a quien los olvidó. Dicen Andrea Ojeda y Martín Ortiz, los directores: “Otra Baja cuenta una historia del pasado, que al ser representada por actores jóvenes, nos ofrece la posibilidad de confrontar aquello que fue heredado con una mirada actual. En esta confrontación se plantea una nueva perspectiva que podríamos sintetizar como la posibilidad de escribir el destino en nombre propio. Esa historia heredada y los jóvenes queriendo construir la propia, conviven a lo largo del espectáculo, que a través de un lenguaje estilizado, intenta remontarnos a la época de nuestros padres. En ocasiones, y completando esa realidad ante los ojos del espectador, la juventud de los actores se manifiesta de manera más cruda a través de textos y acciones. El espectáculo, de ácido humor, lejos de plantear una mirada escéptica, reconoce la posibilidad del profundo cambio que puede ser protagonizado por aquellos, que tras mirar la historia críticamente, construyen su propio destino. La dirección hace eje en el trabajo de los actores y define una puesta en escena que utiliza los mínimos e indispensables elementos para que la historia sea contada. El escenario es un pequeño cuarto teñido de sepia que refleja el paso del tiempo. Este espacio es el que contiene el trabajo de los actores que nos hablan como desde una foto vieja”. Texto del programa: Siempre tuvimos la visión perturbadora de que sobre nosotros obran otras presencias. Perdí a mi padre siendo muy joven y todos mis intentos en el arte han sido una forma de evocarlo. No lo tuve a él pero siempre lo busqué en el catálogo dispar de lugares que visito. Escribo estas líneas con la lapicera que él me regaló y durante mucho tiempo después de su muerte vestí ropas que le pertenecían. Todas mis aspiraciones estarán siempre teñidas de un acento que me caracteriza y que, además de mío, es argentino y barrial aunque no tenga un barrio ni una barra de amigos como mi padre. Siempre añoré esa sólida pertenencia callejera y ahora, hermanado a éstos recuerdos entrañables, me doy cuenta de que tengo que volver a mí mismo.

Este espectáculo formó parte del evento: Todos al Teatro





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