Miércoles, 18 de Mayo de 2016

De Elizabeth Gothelf, Juana La Rosa

Lo íntimo y lo público. Lo cotidiano y lo sagrado. Lo propio y lo ajeno.

Es la víspera de Shabat, el día sagrado, y Elizabeth es la encargada de cumplir con el ritual: preparar la mesa, encender las velas, servir el pan y el vino. En cada uno de sus actos aparecen recuerdos, su mirada niña sobre tradiciones y ritos, la necesidad de comprender la religiosidad y sus contradicciones, la agitación de los sentidos ante las comidas típicas, el desarraigo del pueblo errante, la ley y el guiño.

Los recuerdos evocan un escenario de infancia del que van surgiendo otras voces, las de los cuentos, las de los personajes que se van sentando a la mesa: Guedalia, el devoto de las colonias judías de Entre Ríos, Jacobo, el niño terrible de Villa Crespo, el Rebe de la calle Kroschmalna. Y la familiaridad de puertas adentro que iguala culturas y creencias. Y la diversidad de puertas afuera que nos vuelve múltiples. Así queda lista la mesa de Shabat ¿La compartimos?

Clasificaciones: Narración




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