Viernes, 21 de Octubre de 2016

De Michael de Ghelderode
En la larga producción de Michael de Ghelderode, hay consenso crítico en ubicar a Magia Roja (1931) como un obra mayor. A través de la figura del avaro Jerónimo (sumiendo las resonancias morales de J. Bosch), se presenta la conciencia humana enfrentada al placer de la lujuria, el ansia de poseer y al pánico frente a la caducidad final. Es la flecha que apunta del Ser y la Nada. Vivir es tener. Para vivir es necesario poseer. Morir es el total despojamiento. Y pese al clamor, este parece ser nuestro destino. No obstante la duda es permanente: "Soy el propietario de mi alma y lo seguiré siendo. ¡No, el diablo no tendrá mi alma!". El drama enuncia los emblemas medievales. Los pecados capitales se van sucediendo en escenas plenas de crudeza y mediante un texto cargado de un humor feroz. Rostros deformes, caricaturas tragicómicas de la voracidad del ser, lacras y miserias del existente. ¿Es la codicia el motor fundamental de la existencia? Jerónimo roba la piedra negra que otorga la eternidad: concreción del anhelo perpetuo del ser. Eternidad, lujuria y codicia son los ejes por los que circulan los personajes. El final es un festín de sangre y sexo y la Nada codiciosa en pos del Todo, en última instancia de la codicia de eternidad y poder que subyace en el alma humana.




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