Jueves, 14 de Enero de 2016

De Jorge Palant

"¿El horror es convocante de la ética?". Dos seres muertos en circunstancias y tiempos diferentes (Milena Jesenská, quien fuera el amor de Kafka, y Kevin Carter, fotoperiodista sudafricano) protagonizan un encuentro imaginario en el que tropiezan con la respuesta que la vida de cada uno encontró para esa pregunta.

"Requiem" intenta ser...un Requiem. Es decir, "una misa oficiada en sufragio de los muertos". Sólo que la superposición termina donde el teatro empieza.

"Requiem" es el encuentro arbitrario de dos personas muertas. Dos personas que han tenido existencia real, que han vivido en épocas diferentes, que han muerto de manera diferente y que han compartido nombres del horror: una de ellas, el genocidio; la otra, el hambre.

Milene Jesenská, quien fuera el amor de Kafka, detenida por su actividad política contra el nazismo en Checoslovaquia, no siendo judía, muere en el campo de Ravensbruck en 1944; Kevin Carter, fotoperiodista sudafricano que ganara un premio Pullitzer en 1993 por una fotografía tomada en Sudán, (en la que se ve un buitre esperando que una niña termine de caer, vencida por el hambre y la fatiga, para precipitarse sobre ella), se suicida en julio del año siguiente.

El texto intenta enfrentar dos éticas frente al horror: una que se sostiene en lo que merece hacerse, y por lo tanto debe hacerse; otra que se inclina ante la inutilidad de toda acción, considerada mínima frente al espanto de la escena que se padece.





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