Miércoles, 19 de Octubre de 2016

De Carlos Rehermann

Un Fiscal, el examinador, que no acusa pero acosa, tanto a la víctima como al Jefe. El preso interrogado se llama Primo (resabio de Primo Levi, novelista, ensayista y científico italiano, superviviente del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, fuente literaria de esta obra). El Jefe, tiene a su cargo la prepotencia sonora y la tontería esencial.
El preso hará una exposición a partir de temas que se le proponen por escrito, con tiempo limitado por un reloj de arena. De ser "aplazado" es imaginable una visita sin regreso a las "duchas" (antesala de la cámara de gas).
El preso logra salvarse; será juzgado el Jefe por el mismo procedimiento y con los mismos diálogos. Como era de suponer, al final el Fiscal mismo pasa a ser víctima de la maquinaria.
Ya no estamos en el nazismo ni en Auschwtiz, sino en un 'fuera de tiempo' y lugar giratorio que hace pensar a "El Examen" como una constante cultural en el derrotero humano.

Clasificaciones: Teatro, Adultos




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