Miércoles, 27 de Abril de 2016

LA DISTANCIA ANIMAL

Rosario Santa fé

El proceso de creación involucró pensamientos en torno al cuerpo después de la muerte, el

detalle necesario para ver el paso del tiempo y la dimensión del paisaje desde donde se observa

la quietud; lo críptico en lo cercano, lo escultórico y lo cinético. Sobre duendes bolivianos que se

esconden en la montaña, fantasmas japoneses que habitan las cosas rotas y Anna Pavlova que,

según cientos de bailarinas, se introduce en sus cuerpos antes de salir a representar La muerte

del cisne.

La muerte del cisne es una famosa coreografía estrenada en 1905, donde la bailarina Anna

Pavlova, dirigida por Michel Fokine, deslumbra con su trabajo físico y compositivo sobre la

imagen de un cisne herido en el poema de Alfred Tennynson, The Dying Swan. Decidimos tomar

esa coreografía, primero como entrenamiento y luego como situación escénica, por su incesante

búsqueda de corporalidades adversarias que dilaten un final irreversible.



Los cisnes no cantan. Sin embargo, casi todas las especies de cisnes rompen su mudez

en un único momento: cuando van a morir. En ese mismo instante, los cisnes, cantan de una

manera armoniosa y casi mágica. El canto del cisne no es sólo un sonido. Es un conjunto de

armonías que se parecen por momentos a un lamento y por otros a un himno de alegría. El resto

de los cisnes saben de qué se trata y guardan un respetuoso reconocimiento mientras su

compañero se despide de la vida con ese único canto. La escena puede durar unos minutos,

después de los cuales el cisne morirá y el lago seguirá siendo el mismo.

Duración: 40 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos




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