Sábado, 22 de Octubre de 2016

De Marcos Martinez
Me forme con el humor de autores como Aristófanes, Quevedo, Bocaccio, las sutilezas de Bernard Shaw, Oscar Wilde , Chejov y Shakespeare., las comedias de Moliére y de autores mas recientes como Obaldia y Ionesco, quienes transité como director y marcaron de alguna manera mi gusto y admiración por cómicos tan variados como Woody Allen, la genialidad de Chaplin, la ternura de Biondi, el desparpajo de Olmedo, la versatilidad de Nini Marshall, el desenfado de Marrone, la sutileza de Tato Bores, y de Fidel Pintos y Adolfo Stray, Altavista, Pinti , Gasalla, Perciavalle, Tortonese, Urdapilleta y tantos, tantos otros. Durante 6 meses de intensos ensayos, recordé a todos estos actores y autores que merodeaban en mi cabeza, sugiriendome imágenes y acordé con el elenco que trabájaramos las situaciónes sin buscar la risa, sinó que ésta fuera consecuencia de lo que sucedía en cada escena, y a partir de conductas precisas (algunas reales pero no realisata), elaborar un espectáculo alejado de la comedia blanca, para llegar al corazón del disparate, a través de la gracia absurda que provoca el dolor. Así es que llegamos al fin de siglo con la fiesta horrorosa de un gobierno que se fue y la siesta ineficiente de uno nuevo que comenzó el milenio, donde los argentinos vemos que los personajes de esta pieza son fácilmente identificables en nuestra realidad de religiosos truchos, arbitros fusilánimes, empleados sobornables, empresarios corruptos , señoras inescrupulosas, nenas oportunistas e iracundas acomodaticias; símbolos todos de la decadencia y la putrefacción, donde hay complices y no inocentes. Por eso creemos que el humor es también ideológico y que mediante la risa tenemos algunas cosas que decir y denunciar aunque sea elípticamente. Cada uno saque sus conclusiónes, porque aprendimos con la oreja que no hay peor sordo que el que no quiere oir.




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