Domingo, 17 de Enero de 2016

La pieza hace pie en tres relatos fundamentales: La gallina degollada, El almohadón de plumas y El hijo. Un solo personaje central, creado de formas disímiles en los cuentos originales, pero con las mismas características en la pieza, recorre la acción de las tres narraciones y las unifica, ofreciendo un correlato teatral de la vida del autor, llena de obsesiones, de miedos y de sucesos marcados por la tragedia y la fatalidad.

Por momentos el personaje central que relaciona los relatos es separado de la acción, por un Quiroga que busca la perfección de la idea argumental o la anota, con un singular híbrido entre pasión y ansiedad.

Sobre el final, en condición de mero homenaje, casi sin relación dramática previa se detonan breves conceptos del Decálogo del perfecto cuentista.

El conocimiento y la fascinación que ejerce la selva sobre el escritor entra en correspondencia con la posibilidad de lo cotidiano, en medio de las costumbres agrestes, en un paisaje poblado de canoas, árboles, agua estancada e inmenso calor.

Las historias y los personajes vuelan en derredor del hombre, que como un cazador entrenado, las persigue, las hostiga y las aprisiona, representándolas primero y volcándolas luego en la página sedienta.





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