Martes, 02 de Febrero de 2016

"¿Cómo crear un territorio en común entre el cuerpo y la máquina?

La intérprete se viste de datos. El vestido transforma su superficie corporal en emisora de información, en un lenguaje que la máquina puede captar.. Las señales se compatibilizan. La interfaz opera traduciendo los movimientos espacio-corporales en puntos, coordenadas y ejes que la máquina es capaz de interpretar y transformar en sonidos. Una relación de triangulación entre el cuerpo, la máquina y el efecto sonoro produce un bucle de retroalimentación que condiciona o modifica el movimiento corporal de la intérprete. El cuerpo, sin contacto, se ejecuta a sí mismo como instrumento.

El dispositivo otorga a la intérprete la posibilidad de trabajar el sonido como material, disponiendo parámetros que condicionan el movimiento a los efectos sonoros que produce. El movimiento se alimenta entonces del sonido que genera, de su efecto. La percepción del bailarín, su cuerpo en situación de escucha, constituye el centro de su actividad: la verdadera condición para devenir cuerpo en estado de producción sonora." (Txt: Lucía Savloff)





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