Domingo, 16 de Octubre de 2016

De Eugene O’neill

A Electra le sienta el luto es una suerte de “Orestíada moderna”. Tomando como punto de partida la obra de Esquilo, O’Neill traslada la acción a Nueva Inglaterra en la época de la Guerra de Secesión en Estados Unidos, y profundiza los elementos freudianos y junguianos del conflicto. Esquilo desarrollaba a través de su trilogía el destino maldito del linaje de los Atridas, que culminaba con el asesinato de Agamenón a manos de su esposa Clitemnestra, y el crimen de su hijo Orestes quien, obligado por Apolo e incitado por su hermana Electra, la mataba a su vez para vengar a su padre. O’Neill pone el foco en Electra, en su obra llamada Lavinia Mannon.

Como señaló León Mirlas, “es el personaje fundamental de la trilogía ya que, con su presencia, y aun con su ausencia, gravita pesadamente sobre los demás, entenebrece más aun la atmósfera casi irrespirable de la casa de los Mannon. Es la protagonista virtual del drama de la estirpe, la Electra clásica; y como ésta, es la Moira griega, la justicia eterna que supervisaba la acción de todas las tragedias áticas. Por eso, acentuando los rasgos que pudo y debió tener la hija de Agamenón, O’Neill hizo a Lavinia delgada, sombría, angulosa, casi inasexuada. El solo amor de Lavinia es el odio, su único sexo la venganza. Todo está subordinado en ella al imperativo de la expiación, del castigo. Como Electra, este Hamlet femenino no puede conciliar el sueño mientras queda impune el asesinato de su padre: la rondan los manes, la persiguen los espectros insatisfechos de los Mannon.”

“Pasaron casi cien años desde que O’ Neill escribió esta trilogía (1931). Probablemente el autor no llegó a imaginar que dos años mas tarde, en un país tan culto como Alemania, llegaría Hitler al poder. La Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, Hiroshima, la Cortina de Hierro, los movimientos juveniles, la revolución sexual, la caída de la URSS, el fin de las ideologías, las computadoras, Internet...

El mundo se hace más complicado y a la vez más simple. El concepto de moral sufrió grandes cambios. La violencia y la crueldad se volvieron cotidianas en nuestra vida. Ya a la hora del desayuno, entre otras noticias, nos enteramos cada día de algunas que antes nos horrorizaban, la muerte de la gente se hizo habitual y ya no provoca ni compasión ni piedad, todo se hizo más simple y por esa razón, aunque parezca extraño, más irónico y a veces, hasta más ridículo.

Teniendo en cuenta todo eso, escogimos para la puesta este género, la tragifarsa, aunque en realidad el material de la obra por sí mismo abre el camino al humor. La hemos cortado ¡que nos perdone el genio de O’Neill!

El público moderno capta todo más rápido. Sí, queremos escuchar primero su risa para después verlos horrorizados por eso mismo.

Probablemente las dos horas pasadas en el teatro los obligarán a pensar de otra manera en el despiadado mundo que los rodea... un poco... y sólo por dos horas, no más.”

Robert Sturua



Clasificaciones: Teatro, Adultos




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