Martes, 09 de Febrero de 2016

El amor reclama pertenencia. Conservar lo amado: condición propia del acto. Desposesión, amenaza constante a: padres, hijos, amantes, amigos, animales, lugares, invariablemente sujetos, a separaciones o pérdidas. Y con ellas dolor y caos.

Recomponer el cuadro, llenar aquél rincón vacío, armar nuevamente la realidad propia fisurada, exigen una calidad especial de esperanza.

En el vértigo del desconcierto y la confusión, se buscará entonces fundar un nuevo orden. Ante la comprensión de este proceso nace aquella verdadera esperanza que no es ilusión ni simple creencia, sino causal y consecuencia de la afirmación de vivir.

La situación caótica se convierte así en substancia iniciadora de la creación. El secreto se disfraza muchas veces de formas simples, obligando a despertar los sentidos de afuera y adentro. La complejidad de la materia se reduce a cifras, la estructura del universo a fórmulas, los destinos de civilizaciones a figuras. Esto también sucede en la vida cotidiana, detrás de gestos y movimientos, de silencios y sonrisas, de pasos y miradas, de lo que se dice o se calla, se muestra el misterio de los seres y su existencia.

El teatro, a través de "Caos y otras esperanzas" sugiere todo esto. De allí su título: también esta obra se gestó en el caos y ha tenido su esperanza que ha sido su realización.





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