Sábado, 16 de Enero de 2016

De Marcelo Bertuccio

Un guión dramático es un ejercicio de lectura a la vez que de escritura.

El autor utiliza textos escritos por Shakespeare, sobre todo de la obra Hamlet y también de Rey Lear, los traduce a su lengua, el español, y los organiza de manera tal que se puede dar cuenta a la vez de la fábula de Hamlet y de una nueva fábula, una que es y no es el Hamlet de Shakespeare, que se nutre de sus textos más importantes, más emblemáticos, más cardinales y los suelta en un nuevo orden que abre otros sentidos. Amleto, traducido y reordenado, es una invitación a recibir una lectura diversa, original, impactante, del drama del príncipe Hamlet.

Presentado como una serie de monólogos de orden aparentemente discontinuo, Amleto príncipe plantea también una serie de intervenciones dramatúrgicas que se orientan a poner de manifiesto el propio tema de la traducción y la traslación en tiempo y espacio de una obra singular. ¿No es el mismo tema el del cuento "Pierre Menard, autor del Quijote", de Jorge Luis Borges?

Cada monólogo, así, lanza una flecha hacia la obra de Shakespeare, y muchas otras a los lectores/espectadores actuales, así como al hecho mismo de la representación teatral.

El actor/Amleto es en sí mismo una reflexión sobre el Hamlet/actor. No podemos dejar de acordar que Hamlet es el más actor de los personajes de Shakespeare, y tal vez de la historia misma del teatro occidental.

Entonces, en tanto reflexión sobre el texto y el contexto de los discursos, Amleto no puede dejar de preguntarse por qué hace lo que hace, qué hace realmente al actuar, qué es actuar y cómo sentir en el teatro. Shakespeare con sus obras se preguntaba, sin duda, lo mismo.






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