Miércoles, 19 de Octubre de 2016

El Seminario sobre 'Teatro y Ópera', dictado durante el presente ciclo, persiguió transitar la musicalidad de lo teatral usando el paradigma de lo lírico, pero aprovechando también la teatralidad de la música. Desde finales del s. XIX la música ya no es abstracta, sino que está pensada para un proyecto teatral; comienzan a usarse telones con perspectiva, estructura dialogada de los textos, lo corpóreo instalado en el desarrollo argumental, la iluminación como un aporte a la trama, la vanguardia de los efectos, la tecnología, la arquitectura teatral con diferentes alambiques en madera y metal, los diseño de trajes, la interacción con el público, la danza (al principio elemento pintoresco, luego incorporada como transmisión de estados, lo cual lleva a una conciencia de lo sensual del cuerpo); cada vez mayor aproximación a la verosimilitud (por más que a veces la música nos diga lo contrario de lo que el cantante transmite), cambios de estados de conciencia representados por efectos tímbricos o elevaciones desmedidas de la voz, se pasa del lirismo a un tono más dramático para dar profundidad a los 'dichos', y de la conjugación de voces surgen los conjuntos (los COROS).

Así, avanzamos sobre la idea de totalidad expresiva a la que el teatro puede adscribir, si no le suelta la mano a todos los imperios que es capaz de domeñar su intérprete, y nos propusimos un evento que combinara dos óperas, "Aída" de Verdi y "La flauta mágica" de Mozart, unidas por convención dada su geografía compartida (Egipto: por un lado Menfis, en el Imperio Faraónico de la Dinastía XX, por el otro la tierra oscura de la masonería y los misterios; uno habitado por reyes, sacerdotes, guerreros, esclavos y prisioneros, en el otro pululando encantamientos y templos de sabiduría, razón y naturaleza). El nexo son los Presentadores, que discuten sobre los componentes de la textura dramática, hecha pieza, canción o rito, y sobre la necesidad de una justa tensión entre todos los intervinientes, propicia para dar con la comparencia ante el Gran Testigo, el Espectador.

Intentamos que las voces de los actores se monten a los cantos subyacentes, pero sin cantar, que las fintas y los arrojos sean baile, sin danzar, y que los desafíos interpretativos, a distancia o en susurro, monologando o a coro, sean cuento, sin contar. Arte de esferas, ciclo de hechizos, viento de perfiles destinados. Fronteras deshabitadas (esto quiere decir: no importa género ni procedencia, pero sí el ánimo creativo y la energía forjadora hecha núcleo -nucleando-).

Duración: 90 minutos
Clasificaciones: Teatro




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