Domingo, 22 de Enero de 2017

De David Climent, Pablo Molinero

(España)

¿Quién soy? ¿Soy lo que deseo? ¿Qué deseo? Principalmente no hacerme nunca esta pregunta. Pero sobretodo no contestarla nunca de verdad, no vaya a ser que no me guste la respuesta. La felicidad es una dirección, ni tan siquiera un camino, y ni en eso acierto ¿Qué es lo que no entiendo de mi mismo?
¿Quién soy? Uno entre mil posibilidades cada vez que me manifiesto. ¿Es triste obligarme a ser siempre la misma de entre esas mil posibilidades? ¿O es lo correcto? ¿Qué es lo correcto?

El cielo de los tristes – o la imposibilidad de ser mejor persona – es un paraje anímico situado en algún lugar entre las orejas y la nuca en donde anida nuestro fantasma fundamental. Para atravesar este enigmático estadio y aterrizar en una mente felizmente desierta, no conviene ser o no ser, ni desear o no. Allí, trascender se convierte en no esperar nada. Entre la espera y la esperanza pasa todo.
“Debemos destruir parapetos obsoletos, aplacar nuestros deseos de ser. En el no ser hallaremos el regocijo. Aprendamos a aceptar la tristeza, el malogro, el naufragio; la alegría está sobrevalorada. Aceptemos ser el mayor fantasma del reino animal y la anodina existencia se transmutará en divina providencia, en obra de arte.” Mateo Lamberland, zapatero de Sigmund Freud

Este espectáculo formó parte del evento: Festival Internacional de Teatro - Rosario 2013

Clasificaciones: Teatro, Adultos




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