Miércoles, 19 de Octubre de 2016

Es imposible aprehender de ningún hombre el alma, la razón y la intención hasta que no se haya visto práctico en los cargos y las leyes" anuncia Creonte en la traducción de Pablo Ingberg. Un trabajo que hace más accesible la obra original escrita por el poeta griego en el siglo V a.c. Sin embargo, esta afirmación hace mella hasta la actualidad, por eso es que los clásicos son representados una y otra vez como en la época griega para hacernos reflexionar sobre nuestros sentimientos más profundos, nuestras miserias y nuestros deseos. Una vez más, se hace necesario representar un clásico para preguntarnos como espectadores quiénes somos.

Esta puesta de Dolly Enriquete nos permite conocer el clásico, interiorizarnos en el drama familiar de Antígona y de su tío Creonte, quién toma decisiones que desencadenaran la tragedia. Las leyes del Estado contra las leyes familiares. La obra parece sentenciar el destino de los humanos al decir "...nada muy grande en la vida a un mortal va a llegarle sin desgracia".


Nota de la Directora:

Las tragedias griegas tenían el objetivo, en su momento, de llamar la atención del ciudadano respecto de la complejidad de los conflictos éticos y contribuir con los debates prácticos como también con la formación del buen juicio y la "sabiduría práctica" entre los miembros de la "polis".


Desde que Sófocles representó su Antígona por primera vez, en 442 a.c. el enfrentamiento entre la princesa que defiende el honor de la familia y el tirano Creonte que afirma que la ley de la ciudad contra el príncipe que intentó destruirla, se ha venido repitiendo en numerosos dramas, óperas y discusiones filosóficas. Numerosas son las teorías sobre quién es el héroe del drama. La joven que trata de enterrar a su hermano amado o el rey implacable en hacer cumplir a toda costa su decreto patriótico. Lo trágico, a decir por uno de los filósofos que encaró esta polémica, es que los dos tienen razón, y, como uno y otra se empecina en su tesis, el agón desemboca en la mutua destrucción.

En Antígona resuenan, como en ninguna otra obra, las constantes eternas de conflicto de la condición humana: el enfrentamiento entre hombres y mujeres; entre la senectud y la juventud; entre la sociedad y el individuo; entre vivos y muertos; entre los hombres y Dios o los dioses. En los diálogos y cantos del coro emergen con inolvidable poesía. Los mitos griegos, a diferencia de los dogmas, invitan a renovadas y múltiples reinterpretaciones, enriquesiendose con ellas.

Clasificaciones: Teatro




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