Jueves, 14 de Enero de 2016

De Alfredo Rosenbaum

Tres personajes se encuentran en un pasillo de hospital. Abandonados a su suerte, lanzan al mundo interrogantes sobre su propio destino y sobre la función de las palabras mismas. Fuera del tiempo, intentan sin lograrlo rescatar un mundo que será permanente pasado, devorado por esa máquina de ambigüedades. Curar, ser curado, ayudar o ser ayudado, son acciones que circulan por esos personajes sin un destino cierto: no hay piedad en las acciones ni consuelo en las palabras. No hay, para ellos, más que esperar y hablar, ¿para decirle al mundo qué? No hay melancolía, porque el grito extingue toda posibilidad. El grito es terrorífico y trágico. Congelados por la fotografía, los gritos no llegan a escucharse. Situación terminal entonces, pasillo de hospital que es metáfora política, del estar en el mundo.





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