Jueves, 21 de Enero de 2016

De August Strindberg

El matrimonio de Adolfo y Tekla pasa sus vacaciones en una cabaña veraniega. Debido a un compromiso laboral, ella debe ausentarse unos días. Durante ese tiempo, Adolfo conoce a un afable huésped con quien rápidamente traba una entrañable amistad. Sin saberlo, junto a ese huésped Adolfo constituirá una particular alianza que representará para Tekla una inesperada y cruenta batalla a su retorno.

El espacio escénico

La acción transcurre en la terraza de un bungaló de veraneo, en alguna playa de Suecia o de cualquier país occidental. Allí pasan sus vacaciones Adolfo y Tekla. En el momento en que ella deja a su marido por un compromiso laboral, Adolfo, quien convalecía de un estado de salud deficiente, es visitado por un aparente desconocido: Gustavo. El espacio con el que comienza la pieza es el mismo con el que termina: un espacio abierto con vista a la playa (a público) de un atardecer de esos largos que ocurren en el verano. En ese espacio, Adolfo deja visibles prácticas de su oficio de artista plástico. Desde la puesta se pretende establecer el contraste entre este ambiente de aparente distensión vacacional con el abordaje de los conflictos conyugales más agudos. Con la llegada de Tekla, que da lugar a la segunda escena, no se alteran ni la disposición espacial ni la secuencia de tiempo. Pasa lo mismo con la tercera escena, la final, donde se produce el encuentro parcialmente casual entre Tekla y Gustavo. La anécdota que Strindberg elige comprende la trama afectiva en parejas de intelectuales y artistas. Para el siglo diecinueve, las patentes de modernidad que detentaba dicha elite estaban justificadas ante la sociedad que, pese a todo, condenaba con suma rigurosidad el divorcio y la libertad sexual de la mujer. Hoy, a más de ciento veinte años de escrita la pieza, se ha vuelto representativa de sectores más vastos de la sociedad occidental, y por lo tanto seguramente más comprendida, lo cual nos permite no necesitar de ninguna pauta referencial al siglo diecinueve ya que, en vista de lo anteriormente explicado, los asuntos tratados en la pieza son de una contemporaneidad brutal. Tanto el tratamiento escenográfico del espacio como el del vestuario y la iluminación deben inducir al espectador a pensar que las situaciones dramáticas podrían haber ocurrido el verano pasado o podrían ocurrir en el siguiente. El contraste entre descanso y catarsis cumple su función, emulando el contraste dionisíaco por excelencia entre el amor y la muerte.

La estética de la obra

El relato que Strindberg elige, la anécdota utilizada para sumergirnos en este combate de géneros, dada su vigencia, requiere una estética en la que el espectador no necesite el más mínimo nivel metafórico para poder realizar su proyección. La identificación con los personajes, con sus espacios, con las situaciones dramáticas, con sus acciones deben ser tan directas como el recorrido del impresionismo decimonónico a la fotografía. La necesidad de verosimilitud clamada por la masa espectadora de aquel momento fue correspondida. Ya no interesaban las vivencias del gran héroe; sí cobraban interés los avatares emocionales del individuo de carne y hueso. En esa época de la tierna infancia de la psicología como ciencia, el carácter del "yo" ocupaba un lugar preponderante.

Desde este proyecto resistimos todo intento de catalogar esta pieza con los "ismos" conocidos, encasillándola y limitando, así, su alcance universal. Huimos de los naturalismos, de los realismos psicológicos, de todo encuadre conceptual estético que cercenara de esta manera la profundidad de esta pieza.

Acreedores, como todo hecho estético, es una evocación de la realidad. Nada más. Nada menos.

La producción

Las cinco personas que fundamos el proyecto nos hemos conocido, aunque en diferentes roles, en el estudio y entrenamiento actoral sobre el teatro clásico. Hemos trabajado en dicha práctica sobre autores como Eurípides, Sófocles, Shakespeare, Chéjov, Ibsen, Strindberg, Lorca y Tennessee Williams durante años. Nuestra elección sobre este autor y esta obra no es casual o fortuita. Los tres actores y los dos directores percibimos en nosotros mismos las particularidades personales y técnicas necesarias para narrar esta historia. “Asunto Guevara”, la escuela de Teatro que hoy nos alberga y nos proyecta, es el espacio que dio a luz este trabajo.

Acreedores afectivos somos nosotros, son ustedes, somos todos. Las uniones y desuniones nos hacen sentir que tenemos el derecho de cobrar por tantos sentimientos. La pregunta es: ¿de quién es la deuda? ¿También es de todos? En el texto de la pieza se dice que uno siente al otro como parte de uno mismo o que la libertad de uno se gana en la posesión del otro. Este ajedrez vincular no nos es para nada ajeno. La constitución de una pareja entraña, en sus objetivos más inconscientes, la concreción del retorno al lugar primigenio y mítico, el del vientre materno, en el cual estuvimos todos y fuimos parte del otro, al cual estábamos unidos por una prolongación física que nos nutría y nos desarrollaba. Si la vida nos dio esa lección, ya de pie nos es difícil olvidar.

  • Acreedores de August Strindberg - Trailer [HD]Acreedores de August Strindberg - Trailer [HD]




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